El ITESO promueve la organización comunitaria para cuidar la calidad del agua
Detalle BN6
- Inicio
- El ITESO promueve la organización comunitaria para cuidar la calidad del agua
El ITESO promueve la organización comunitaria para cuidar la calidad del agua
Desde 2023 la universidad ha trabajado con habitantes de las regiones Centro, Valles y Lagunas para monitorear la calidad del agua. En el contexto de la crisis que vive el Área Metropolitana de Guadalajara, Héctor Morales dice que la ciudadanía debe estar vigilante de los servicios que recibe e involucrarse en temas vitales para la ciudad.
Édgar Velasco
Durante mucho tiempo, la relación de la ciudadanía con el agua potable ha sido simple, por calificarla de algún modo: el gobierno la saca de algún lado y la distribuye; las personas la consumen y pagan su cuota. El académico Héctor Morales explica que se trata de “un modelo que ve el agua como un recurso”. Ese recurso que en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) ha dado mucho de qué hablar en las últimas semanas: por la intermitencia en la distribución, pero, sobre todo, por la mala calidad del agua que sale de las tuberías. Sin embargo existe otro modelo, uno que, explica, ve el agua como un derecho humano que es exigible, en cuya gestión se involucra la ciudadanía y en el que hay una herramienta fundamental que le vendría bien a los habitantes del área metropolitana: el monitoreo comunitario de la calidad del agua.
Héctor Morales Gil de la Torre, académico del Centro Universitario de Incidencia Social (Coincide) del ITESO, explica que desde hace un par años el ITESO trabaja junto con habitantes de las regiones Centro, Valles y Lagunas de Jalisco en la consolidación de una red de monitoreo de la calidad de agua de diferentes cuerpos hídricos. Los antecedentes, explica, se remontan a 2015, cuando habitantes de la comunidad de San Pedro Valencia, colindante con la presa de Hurtado y perteneciente al municipio de Acatlán de Juárez, se acercaron al ITESO con la inquietud de saber cómo podían medir la calidad del agua de la presa, lugar donde los pescadores obtienen su sustento y que en 2013 había sufrido una crisis socioambiental a causa de un derrame de melaza que derivó en la muerte de peces.
La respuesta vendría en 2023, cuando el ITESO se acercó a Global Water Watch —un organismo que se dedica a monitorear cuerpos de agua y a capacitar comunidades— para, junto con la Ibero Ciudad de México, comenzar a trabajar en la zona. “Nos acercamos a los pescadores con la propuesta de formar monitores comunitarios de la calidad del agua. Estos aceptaron y se convocó a más personas de las comunidades donde estábamos trabajando. Hicimos dos talleres y acudieron personas de Zacoalco, Atotonilco el Bajo, El Refugio, San Antonio Mazatepec y, por supuesto, la gente de Valencia”, dice el académico, y agrega que se tenía contacto con todas estas comunidades gracias al trabajo que se ha venido realizando desde el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) San Pedro Valencia.
La capacitación se realizó en el segundo semestre de 2023 y se comenzó a hacer un monitoreo mensual a lo largo de 2024 y 2025, con el objetivo de tener datos comparables. Así nació la Red de Monitoras y Monitores Comunitarios de la Calidad del Agua y Cuidado del Territorio —con líderes comunitarios de Santa Cruz de las Flores, San Pedro Valencia, San Antonio Mazatepec, El Refugio, Atotonilco el Bajo y Zacoalco de Torres—, y se empezó a monitorear cuatro cuerpos hídricos: la presa de Hurtado, la laguna de Atotonilco el Bajo y los ríos Salado y San Antonio, todos situados en la región hidrológica Lerma-Chapala-Santiago.
“El monitoreo se realiza mensualmente y está a cargo de las personas de las comunidades. Observamos parámetros fisicoquímicos —temperatura ambiente y del agua, pH, alcalinidad, dureza, cloro total y cloro libre, oxígeno disuelto, demanda biológica de oxígeno, sólidos totales disueltos y conductividad—, y además tomamos muestras para Escherichia coli (E. coli). Con este conjunto de datos tenemos información para conocer condiciones de riesgo de los cuerpos de agua”, detalla el académico. Con todos estos parámetros, es posible conocer las condiciones generales de la calidad del agua, con información que permite generar alertas. También se han comenzado a producir insumos, como el Índice de Calidad del Agua (ICA), el semáforo del agua y materiales informativos para divulgar la información recabada. “Toda esta información la hemos ido procesando con las comunidades, lo que les ha permitido decidir dos cosas: si hay acciones que estén en sus manos para mitigar la contaminación o los riesgos de contaminación y para regenerar los cuerpos de agua, las comunidades le entran al tema; si no está en sus manos, desarrollan propuestas que se discuten y se dialogan para involucrarse en la denuncia y en la exigencia a los gobiernos para que tomen acciones”.
Con estos antecedentes en las comunidades, Morales dice que “la organización comunitaria es fundamental”, y que esta también podría realizarse en el AMG para evaluar la calidad del agua que llega a las casas. Explica que “en toda el área metropolitana hay organizaciones ciudadanas que podrían involucrarse en procesos de vigilancia de las condiciones del agua”. Esto, añade, seguirá poniendo en el foco del debate al Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), pues también es necesario atender situaciones como el acceso continuo al agua y la baja presión, que requieren una inversión importante en infraestructura. “Como ciudadanía, hay que estar vigilantes de los servicios que nos está dando el SIAPA y tener la capacidad de establecer un juicio propio respecto de las condiciones del agua a la que estamos accediendo. Estamos muy acostumbrados a que alguien más resuelve los temas, pero eso implica ir atrofiando nuestra capacidad para estar vigilantes y para podernos involucrar en estos temas, que son vitales para la ciudad”.
En medio de todas las complicaciones que puede tener hacer un monitoreo de la calidad del agua en el entorno urbano, el académico explica que al menos sería indispensable poder medir la presencia de E. coli en el agua, ya que esto implica la presencia de materia fecal. “Es un parámetro que nos prende todas las alertas por los efectos en la salud de las personas”, dice Morales, y añade que esta medición puede hacerse con unas tarjetas que podrían encargarse de forma colectiva por las y los vecinos organizados para medir el agua que llega a determinada zona. “Cada equis tiempo puedes estar observando si hay presencia o no de E. coli. Los centros de salud también podrían tener una participación muy importante, reportando si hay un aumento de enfermedades gastrointestinales. Son soluciones pequeñitas, pero la vigilancia de la salud de las personas vinculada con la ingesta de agua es muy importante”.
Para Morales es muy importante que la ciudadanía se pregunte y conozca de dónde viene el agua que llega a su domicilio, ya que esto permitirá entender que lo que ocurre en el campo o en la zona periurbana incide en la calidad del agua que se recibe. Porque el cuidado de la calidad del agua “no es una acción individual, sino que involucra a todos los usuarios de los bienes ambientales; es una acción acotada a un territorio más amplio que lo que representaría mi vivienda. Preguntarnos de dónde viene el agua es clave para pensar en procesos de participación ciudadana en el cuidado del agua, porque cada región o subregión tiene sus propias características”. Y abonar en ese proceso es importante para el ITESO. “La universidad está preocupada y ocupada haciendo cosas junto con la gente”, concluye el académico.
Noticia
Sostenibilidad